Alfonsina Storni nació el 29 de mayo de 1892 en Capriasca, Suiza, y llegó a la Argentina cuando tenía cuatro años. Vivió en distintas provincias antes de instalarse definitivamente en Buenos Aires, ciudad donde desarrolló una parte central de su carrera como docente, periodista y escritora. Su trayectoria estuvo marcada por dificultades económicas y por la necesidad de trabajar desde muy joven. Fue obrera, empleada, maestra y periodista antes de conseguir reconocimiento literario. Esa experiencia es importante porque su carrera no comenzó desde una posición cómoda dentro del mundo cultural. Storni tuvo que construir su lugar en una sociedad en la que las mujeres tenían muchas menos oportunidades para participar de manera independiente en la literatura y en la vida pública.
Storni llegó a Buenos Aires en 1911. Tenía pocos recursos y llevaba consigo sus libros y sus poemas. Poco tiempo después nació su hijo Alejandro, y la escritora tuvo que enfrentar la situación de ser madre soltera en una sociedad donde existían fuertes prejuicios alrededor de esa condición. Mientras buscaba estabilidad económica, trabajó en distintos empleos y comenzó a publicar colaboraciones periodísticas. También se desempeñó como docente en instituciones porteñas, entre ellas el Teatro Infantil Lavardén y la Escuela Normal de Lenguas Vivas. Buenos Aires fue entonces el lugar donde pudo desarrollar simultáneamente sus actividades laborales y literarias.
En 1916 publicó “La inquietud del rosal”, su primer libro de poesía. A partir de entonces comenzó a consolidar una trayectoria que incluiría obras como “El dulce daño”, “Irremediablemente”, “Languidez”, “Ocre”, “Mundo de siete pozos” y “Mascarilla y trébol”. Su poesía fue cambiando con los años. Los primeros libros tienen una fuerte influencia modernista, mientras que en las obras posteriores aparece una mirada más crítica, irónica y compleja sobre la vida, las relaciones y la condición femenina. Storni utilizó la literatura para cuestionar muchas de las expectativas sociales que recaían sobre las mujeres. Esa característica hizo que algunos de sus textos resultaran particularmente incómodos para la época.
Su actividad periodística también fue importante. Colaboró con publicaciones como Caras y Caretas, Nosotros, Atlántida, La Nota y La Nación. La escritura periodística le permitió desarrollar una voz pública que iba más allá de la poesía. En sus artículos podía opinar sobre educación, cultura, relaciones sociales y cuestiones vinculadas con la vida de las mujeres. En Buenos Aires también participó de círculos literarios y culturales y estableció vínculos con otros escritores. La ciudad ofrecía espacios de intercambio que fueron fundamentales para una autora que estaba intentando ocupar un lugar dentro de una sociedad cultural todavía dominada por los hombres.
Storni también escribió teatro y desarrolló una actividad relacionada con el público infantil. Desde 1922 y hasta 1938 produjo distintas piezas destinadas principalmente al Teatro Infantil Lavardén. Esa producción demuestra que su trabajo fue mucho más amplio que la poesía por la que actualmente es más recordada. También obtuvo reconocimientos importantes, entre ellos premios municipales y nacionales. Su carrera fue creciendo hasta convertirla en una de las figuras literarias más reconocidas de la Argentina. Sin embargo, continuó enfrentando los límites sociales y culturales de su época. La condición de mujer, madre y escritora independiente formaba parte de una experiencia que atravesaba su producción.
Storni murió en Mar del Plata el 25 de octubre de 1938, pero Buenos Aires quedó como una parte central de su trayectoria. Fue la ciudad donde llegó con pocas pertenencias, donde trabajó para sostener a su familia, donde comenzó a publicar y donde consiguió convertirse en una figura reconocida del ambiente cultural. Su historia permite observar cómo una mujer que no pertenecía a los sectores privilegiados pudo construir una carrera literaria en una época particularmente difícil. Su obra continúa siendo leída porque combinó poesía, crítica social y una mirada personal sobre las relaciones humanas. Buenos Aires fue el lugar donde esa voz encontró espacio y donde Alfonsina Storni dejó de ser una joven que buscaba trabajo para convertirse en una de las escritoras fundamentales de la literatura argentina.
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