En el marco del Mes de la Salud Mental, la psicóloga y referente en salud pública Alicia Stolkiner reflexionó sobre los desafíos actuales en torno al bienestar psíquico y las transformaciones sociales que lo atraviesan. En diálogo con Radio Asamblea, advirtió: “Prefiero decir una epidemia de problemáticas de salud mental y no una epidemia de enfermedades mentales”.
 
Stolkiner explicó que el concepto de epidemia se define por un aumento notable de la prevalencia de casos en comparación con períodos anteriores. “En salud mental no es tan fácil —aclaró—, porque la categoría que usa la ley no es ‘enfermedades mentales’ sino ‘sufrimiento psíquico’. No es lo mismo ni tan definible como decir ‘hay una enfermedad viral’”.
 
Entre los indicadores más preocupantes, mencionó el incremento de los suicidios, especialmente entre jóvenes, y la creciente demanda de atención: “Nos damos cuenta porque se desborda la consulta, aun la privada, y porque los problemas que llegan son de una complejidad tal que trascienden las herramientas que tenemos preparadas para enfrentarlos”.
 
Consultada sobre las causas, la especialista destacó la fragilización del tejido social y la pérdida de redes comunitarias:
 
“Durkheim fue el primero que habló de la relación entre suicidio e incremento del individualismo. En las sociedades donde se van rompiendo las redes de soporte comunitarias, la subjetividad se fragiliza”.
 
Además, señaló que la pandemia profundizó la sensación de “imprevisibilidad de futuro”, un fenómeno que, según dijo, “se mantiene en este mundo en transformación tan rápida que vivimos casi una imprevisibilidad por semana, por día”.
 
Respecto del impacto de la tecnología, Stolkiner advirtió:
 
“Este nivel de sobresaturación de datos y de información es un motivo de padecimiento psíquico. También genera dificultad para la toma de decisiones”.
Y agregó que la circulación de información sin control ni verificación “potencia la confusión entre lo verdadero y lo falso”.
 
La psicóloga también se refirió al uso estigmatizante de diagnósticos psiquiátricos en la esfera pública:
 
“Estoy absolutamente en contra de todo uso de diagnósticos sobre personajes públicos a quienes no conocemos. Se los debe juzgar por sus actos, no por supuestos rasgos psicológicos”.
Advirtió que expresiones como “es un psicótico” o “es autista” aplicadas a figuras políticas refuerzan la estigmatización y dañan a quienes conviven con esos diagnósticos: “¿Qué tenemos que ver nosotros con eso?”, le dijo una paciente, relató la entrevistada.
 
Finalmente, Stolkiner remarcó que la historia colectiva también deja marcas psíquicas:
 
“Este país tiene una población atravesada por varias generaciones con crisis económicas severas. El temor al caos está fundamentado en muchas cosas y se liga a esa sensación que dejó la pandemia: la de no saber cómo va a ser el futuro”.
 
Para la especialista, esa incertidumbre constante alimenta el sufrimiento social y condiciona incluso las decisiones políticas: “Se pueden tomar decisiones a partir de una sensación de que se viene el caos”, concluyó.